jueves, 2 de noviembre de 2017

EL FUJIMORISMO EN LA HISTORIA Y DEMOCRACIA PERUANA (II)

Por: Carlos A. Dávila Rojas.

El año 2018, nuestra Constitución Política cumple 25 años. Es la carta magna que, bajo el liderazgo y gobierno de Alberto Fujimori, fue elaborada por el Congreso Constituyente Democrático (CCD) electo por el pueblo el 22 de noviembre de 1992; instalada el 30 de diciembre de 1992 y aprobada en referéndum del 31 de octubre de 1993. En su organización, el CCD, estuvo presidido por Jaime Yoshiyama Tanaka; y hubo un núcleo de ideólogos liberales y constitucionalistas que determinaron su orientación liberal republicana; entre los que destacaron Carlos Torres y Torres Lara y Enrique Chirinos Soto.
En ésta, Carta Magna, descubrimos su diseño liberal republicano inspirado en las ideas del filósofo moderno, Jhon Locke (“Dos tratados sobre el gobierno civil”. 1689). En el debate sobre la razón, última, por la que la humanidad creó el Estado; éste filosofo moderno sostiene que fue para ser un “Estado servidor” que optimice la naturaleza humana en base a una institucionalidad de derecho o libertad negativa: a los individuos no se les puede decir todo lo que tienen que hacer (porque siempre harán lo que redunda en su bienestar y conveniencia) sino, sólo, poner límites a su accionar promoviendo la libertad responsable para garantizar la convivencia social. Nuestra constitución, en línea con la doctrina del liberalismo, organiza nuestra sociedad poniendo primero al individuo, después a la sociedad y, al final, al Estado; nítidamente se lee, en su Artículo 1.- “La defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado.” Libertad responsable en los individuos; sociedad civil (dinámica, solidaria y participativa) y límites al poder, son las líneas maestras de la doctrina liberal lockeana. Que distinta es la inspiración hobbesiana (Thomas Hobbes); que, desde su obra (“Leviatán”.  1651) justifica la creación del Estado para ser “amo”, poniendo a los individuos bajo servidumbre y para hacer ingeniería social con la naturaleza humana. Los regímenes totalitarios (Nazista, fascista, comunista y teocráticos), en línea con la posición de Hobbes, organizaron sus sociedades poniendo primero al Estado, después la sociedad y al final, al individuo. Incluso, en Cuba y Corea del Norte, el partido Comunista, es anterior al Estado.
En cuanto a la inspiración republicana en la organización del estado; la Constitución actual garantiza los límites al poder; a través de la división y equilibrio de los poderes públicos (ejecutivo, legislativo y judicial) añadiendo, la Defensoría del Pueblo, para evitar abusos del Estado a los ciudadanos y la sociedad civil. Salvo cruciales cambios en el régimen económico constitucional y la composición unicameral del Congreso; nuestra actual carta magna recoge las características liberales de la Constitución de 1979. Establecer como régimen económico constitucional la “economía social de mercado” garantizan la libertad de elección y soberanía del consumidor como libertades y condiciones básicas para un correcto funcionamiento e institucionalidad de los mercados en el contexto de una economía libre, abierta y competitiva.  El carácter unicameral del Congreso, es simplemente la aplicación de la prescripción liberal del “Estado pequeño”. Se ha hecho tradición, señalar que solo el poder ejecutivo debe ser pequeño (poca burocracia y no empresas públicas). Sin embargo, poco se ha aplicado, ésta idea, a los otros poderes públicos (legislativo y judicial).  
Entre las características modernas de mucha importancia en nuestra Constitución están: la protección de los derechos civiles y políticos; generar condiciones favorables para garantizar los derechos económicos, sociales, culturales y al desarrollo; y, la descentralización, dentro del carácter unitario de la nación.
Nuestra actual Constitución, es la de mayor duración en nuestra historia republicana; la que sentó las bases, irreversibles, de nuestro actual progreso; la que garantiza el crecimiento económico sostenido y las políticas públicas para reducir la pobreza. Es la carta magna que no pudieron cambiar cuatro gobiernos antifujumoristas, pese a que lo ofrecieron en sus campañas electorales; aunque, tras la caída del régimen fujimorista a través de la, inconstitucional, Ley Nº 27600 del 15 de diciembre del 2001 y promulgada por el siniestro y corrupto Alejandro Toledo; el Congreso, de ese entonces, retiró la firma de Alberto Fujimori de la Constitución.
Por todo lo expuesto, Fuerza Popular, está enraizada en ésta historia de desarrollo e institucionalidad democrática; cuyo ideario es la Constitución actual y los profundos fundamentos que la subyacen; algo parecido a los partidos Demócrata y Republicano, en EEUU, que tienen su ideario en su breve constitución; siendo las enmiendas (reformas) constitucionales, la expresión de la interacción política y el desarrollo de los sistemas democráticos.
Es necesario resaltar que, como en ninguna parte del mundo, el fujimorismo es una organización política con profundo arraigo en los sectores populares del país (porque acercó el Estado al pueblo para combatir la pobreza y promover su progreso) caracterizándose como un partido liberal popular; garante de la sostenibilidad de nuestra democracia y economía de mercado contra toda amenaza estatista o colectivista de sectores anti sistema; que ya fueron derrotados (estratégicamente) con la pacificación, reconstrucción económica y reformas estructurales que se logró, en los 90s.

Se espera, que el Congreso de la República, organice la justa y necesaria celebración de los 25 años de vigencia de nuestra Constitución; empezando por derogar la espuria Ley N° 27600.

miércoles, 25 de octubre de 2017

EL FUJIMORISMO EN LA HISTORIA Y LA DEMOCRACIA PERUANA. (I)

Por: Carlos A. Dávila Rojas.

Luego del retiro de las FF.AA. (que gobernaron desde octubre de 1968 a julio de 1980) del gobierno; el retorno a la democracia (1980) con una nueva Constitución (aprobada el año 1979); permitió el desarrollo de dos gobiernos democráticos. El segundo belaundismo (1980-1985) y el primer gobierno aprista, con Alan García (1985-1990). En los marcos de una Constitución estatista; ambos fueron destructores de la economía del país; en cuyo contexto, surge el accionar terrorista (de Sendero Luminoso y el MRTA) que amenazaban a nuestro sistema democrático; con accionar violentista y destructor.
En el proceso electoral de 1990; bajo características del fenómeno out sider; gana las elecciones (en segunda vuelta) el Ing. Alberto Fujimori; derrotando a Mario Vargas Llosa. Los 27 años de presencia fujimorista en la historia y política peruana (1990 – 2017) se dividen en 3 etapas: el gobierno (1990 – 2000); la demolición (2000 – 2006) y el resurgimiento (2006 a la fecha), bajo el nítido liderazgo de Keyko Fujimori.
Desde el inicio de su Gobierno, el Presidente Fujimori, tomo la decisión de respaldar un proceso, incompleto pero irreversible, de cambio de modelo económico (del estatismo al de economía de mercado); manteniendo los marcos del sistema democrático republicano; el mismo que queda plasmado en la nueva Constitución, del año 1993.  El profundo proceso reformista hizo marginales y/o desaparecieron a los partidos políticos tradicionales (APRA, AP, PPC e Izquierdas); además de derrotar a la izquierda terrorista. El fuerte liderazgo y el éxito del proceso de reformas y la pacificación permitieron que el fujimorismo gane las elecciones CCD (1992), las generales de 1995 y la del año 2000, cuyo gobierno, terminó frustrado.
En los 10 años de gobierno de A. Fujimori, no se construyó una nueva organización; pero si, un espacio político fujimorista. Para cada elección, hubo una nueva membresía; con redes organizativas y de dirección diferentes: 1990 (Cambio 90); 1992 (Nueva Mayoría); 1995 (C90-NM); 1997 (Vamos Vecino) y 2000 (Perú 2000)
Hasta el año 1995; prácticamente no había contrapeso o contrincantes viables al fujimorismo. Hacia las elecciones del 2000; aparecieron ciertas figuras que encabezaron y capitalizaron el descontento político del desgaste del gobierno (especialmente, del cáncer de la corrupción montesinista) Durante los 90s, en el Perú, fue muy débil la estructura de partidos que sostenían su democracia. El surgimiento de grupillos regionales y locales, despulparon, en las provincias a los partidos con membresía nacional.
Irónicamente; surge el anti fujimorismo, más como una corriente de descontento, que como una nueva organización política; que el año 2000, hicieron inviable el tercer mandato del presidente A. Fujimori; con cuya renuncia, se inaugura el periodo de la demolición y persecución fujimorista. Este proceso, no tuvo contrapeso, debido a la inexistencia de una estructura partidaria fujimorista. De haberse construido, en los 90s, un sólido partido fujimorista; tal vez, se habrían completado las reformas; evitado el accionar, corrupto, montesinista; fortalecido el sistema democrático y evitado la, fatal, decisión re reeleccionista del año 2000.
En ésta etapa (de la demolición); asociado a la inhabilitación (sentencia del ex Presidente); resurgen los partidos tradicionales (APRA, AP, PPC) y aparecen nuevos grupos (PP, PNP, izquierda caviar, etc.) Desde el gobierno transitorio de Valentín Paniagua (nov. 2000), hasta el, actual, de PPK; los cinco gobiernos del post fujimorismo, se han caracterizado por distorsionar la historia y logros de los 90s (especial y canallamente, la derrota al terrorismo, vía la CVR) y demoler la imagen de A. Fujimori (especialmente, sentenciándolo, para engañar y captar a los jóvenes). El montesinismo y la izquierda caviar, han sido los cerebros e implementadores de esos procesos; a través de sus influencias en el sistema de justicia (nacional e internacional) y los medios; utilizando todo el poderío del Estado.
El fujimorismo, desde el gobierno transitorio de V. Paniagua, mostró su real debilidad como organización política. Se dividieron en el congreso (Vamos Vecino vs C90-NM); se dividieron en las elecciones 2001 (C90-NM y Solución Popular) sacando solo 4 congresistas. Desde, octubre del 2000 hasta el 2006; no tuvo protagonismo Keyko Fujimori, en el escenario real de la política; salvo enfrentar, también, una vil persecución judicial y demolición mediática (caso financiamiento de los estudios y supuesta usurpación de funciones) con métodos de sicariato político.
Gracias a la demolición del fujimorismo, ya transitaron por el gobierno 04 grupos políticos (AP, PP, APRA y PNP) ; y, aunque mantuvieron la Constitución del 93, cuyo modelo permitió seguir creciendo económicamente; éstos, al culminar sus mandatos, terminaron muy marginales en el sistema de partidos; en los procesos electorales, subsiguientes, respectivamente. 
Asociado a la demolición; la incapacidad de los 4 gobiernos y, especialmente, la corrupción; gracias a la insurgencia a la política de Keyko Fujimori; el año 2006, el fujimorismo inicia su etapa de resurgimiento; pero, con especiales características: relativamente unido y organizado con característica partidarias. La elección de Keyko (como congresista con la más votación histórica) y el liderazgo lucido y democrático, de su bancada de 13 congresistas, la proyectó como la nueva lideresa del fujimorismo con proyecciones presidenciables. La decisión de afirmar como nombre definitivo, Fuerza Popular, fue permitiendo construir identidad, contribuyendo, al sistema democrático, con uno de los partidos más grandes y organizados, hasta hoy.
La histórica participación de Keyko en las elecciones del 2011 y, especialmente, 2016 (ganando el poder legislativo) , permitió la interacción política; su insurgencia, obligó a todo el resto de la clase política a unirse contra el fujimorismo; nítidamente en las segundas vueltas; lo que les permitió ganar el Ejecutivo; apenas y con métodos fraudulentos.
Con el descubrimiento de la mafia Odebrecht (organizada desde Brasil, al ganar el gobierno Lula), se reveló la real estructura organizativa y financiera del anti fujimorismo unido. Desde el gobierno de Toledo; hasta el triunfo de PPK fue ésta empresa la que unió y financió al resto de grupos políticos (Desde el Movadef hasta el PPC) para evitar el retorno al poder del fujimorismo; y, seguir controlando el poder para favorecerse con grandes obras de manera directa (sin concurso) e ilegal (sin SNIP); y, luego multiplicar el valor de las inversiones vía adendas; además de ganar millones en los arbitrajes (que siempre perdía el estado) e; incluso, usar recursos públicos (COFIDE) en varias de sus inversiones. La época Odebrecht, es la más ominosa época de saqueo al país, implementado por los grupos anti fujimoristas, cuyos gobiernos y líderes fueron influidos a través de millonarias coimas.
Se unieron, contra el fujimorismo, no para evitar el retorno de la “dictadura”, “el genocidio”, “la corrupción”, etc., sino, para saquear y vender al país.